Las universidades, contra el plagio en trabajos

¿Alguna vez has copiado un texto de Internet para un trabajo de clase? ¿Aunque fuera parcialmente? Seguro que, en más de una ocasión, has escuchado a alguno de tus profesores advertir que suspendería a cualquiera que presentada un trabajo copiado o sacado de la red.

Diversas universidades se han sumado para determinar, aproximadamente, cuánto texto plagian los alumnos de textos que circulan por Internet. En la Universidad Francisco de Vitoria (UFV), durante el curso 2013-2014, se determinó que los artículos de 6 de los 40 estudiantes contenían párrafos copiados de webs que, en conjunto, sumaban más del 40 por ciento del texto total. En otros trabajos, el porcentaje de texto copiado se encontraba entre el 15 y el 20 por ciento.

Para determinar esto, cuentan con un software antiplagio que ofrece un detallado análisis, el cual enseñaron a los alumnos cuyos trabajos contenían los mayores porcentajes de copia. Al conocer estos datos, los estudiantes se mostraron asombrados, ya que no tenían idea de que estaban plagiando. Hoy en día, Internet facilita tanto el copy-paste que las generaciones más jóvenes no lo ven como una amenaza, porque muchos consideran que “Internet es de y para todos”. Al fin y al cabo, ¿cuántas veces hemos denunciado publicaciones de Facebook, como imágenes graciosas, en las que no aparece siquiera citado su autor? La red ha diluido esta línea hasta el punto de que la cruzamos constantemente sin dudar, sin siquiera percatarnos de que está mal.

Softwares contra el plagio

Así, las universidades españolas han comenzado a tomar medidas al respecto. Al igual que UFV cuenta con su propio software antiplagio, muchas otras están ya pagando por licencias de software similares, que puedan determinar qué trabajos y en qué porcentaje están sacados, directamente, de páginas web.

De hecho, la Universidad Oberta de Catalunya (UOC) ha desarrollado su propia herramienta, que compara los textos de sus alumnos con documentos de su base de datos. Sin embargo, en un futuro próximo, esperan poder abarcar, también, los textos que ya existen en Internet.

En conclusión, no podemos negar que este problema existe y está a la orden del día. Pero, tal vez, los docentes y, en general, el sistema educativo del país, deberían encargarse de que los jóvenes aprendan a escribir (no sólo a procesar textos) y de que sean conscientes de que plagiar es un acto negativo del que nada bueno pueden sacar.

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